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- Fuente/Autor: Julio M. Shiling
El 11J a las cinco: la verdadera revolución inconclusa de Cuba
Foto: REUTERS/Alexandre Meneghini
Han pasado cinco años desde el 11 de julio de 2021 (11J), cuando miles de cubanos salieron a las calles en el mayor levantamiento nacional desde el establecimiento de la dictadura castrocomunista. Las manifestaciones hicieron añicos uno de los mitos más arraigados del régimen: que el pueblo cubano había aceptado el régimen comunista. Por el contrario, el 11J puso al descubierto una nación agotada por más de seis décadas de represión política, ruina económica y violaciones sistemáticas de los derechos humanos fundamentales.
Los acontecimientos del 11J revelaron dos realidades perdurables. En primer lugar, la abrumadora mayoría de los cubanos está profundamente insatisfecha con el sistema político vigente. El carácter espontáneo de las manifestaciones —que estallaron simultáneamente en docenas de ciudades y pueblos sin un liderazgo centralizado— demostró que el descontento había llegado a todos los sectores de la sociedad. Los cubanos se manifestaron no solo por la escasez de alimentos, medicinas o electricidad, sino porque reconocieron que estas penurias eran síntomas de una enfermedad más profunda: un sistema totalitario irremediablemente fallido.
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- Fuente/Autor: Julio M. Shiling
El 250.º aniversario de Estados Unidos: recuperar el alma de la República
La celebración del 250.º aniversario de Estados Unidos es más que una conmemoración de la independencia nacional. Es una invitación a reconsiderar la arquitectura moral sobre la que se construyó la República estadounidense. Es preguntarse si el legado filosófico que ha sostenido a la nación durante dos siglos y medio permanece lo suficientemente intacto como para preservarla para las generaciones aún por nacer. En última instancia, toda civilización no vive solo de la economía o del poder militar, sino de las ideas en las que cree, las virtudes que cultiva y las verdades trascendentes que reconoce.
Estados Unidos era único entre las naciones porque se fundó sobre principios y no sobre el origen étnico, una dinastía o la conquista. La Declaración de Independencia proclamó que los derechos humanos no emanan del gobierno, sino que son otorgados por el Creador. El gobierno existe —argumentaba el texto— no para otorgar la libertad, sino para garantizar las libertades que ya pertenecen a la persona humana por naturaleza, como un acto de Dios. La Constitución plasmó esos principios en instituciones, creando un orden político diseñado no solo para gobernar, sino para limitar al propio gobierno.
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- Fuente/Autor: Julio M. Shiling
Las “reformas” castristas: la fachada Potemkin
El anuncio por parte de la dictadura cubana de 176 propuestas de «transformación» económica y social no debe confundirse con una apertura histórica ni con un abandono genuino del sistema fallido que ha gobernado la isla durante más de seis décadas. Tras el discurso sobre la modernización, la empresa privada, los mecanismos de mercado y la renovación económica se esconde una estrategia de supervivencia política cuidadosamente calculada. La dirección castrocomunista está intentando construir una fachada de Potemkin: la apariencia de cambio sin la esencia de la transformación.
El régimen es consciente de que el modelo económico que inventó en la década de los noventa se está derrumbando. Cuba se enfrenta a una profunda crisis nacional caracterizada por prolongados cortes de electricidad, inflación, escasez, descenso de la producción, inestabilidad financiera, decadencia institucional y una creciente ola de protestas públicas y malestar social. Sin embargo, en lugar de reconocer que estos fracasos son las consecuencias inevitables de un régimen totalitario y un control centralizado, La Habana ha optado por un discurso diferente: el problema de Cuba, según afirma, es principalmente económico.
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- Fuente/Autor: Julio M. Shiling
La Constitución de 1940: el puente democrático de Cuba
La posibilidad de una transición democrática exitosa en Cuba se basa en dos ventajas históricas que distinguen el caso cubano de muchas otras sociedades que salen de un régimen totalitario. Estas ventajas están interrelacionadas y se refuerzan mutuamente. Cuba posee una tradición republicana sobre la que se puede construir la reconstrucción democrática, y la nación cubana que sobrevivió en el exilio conservó la identidad cultural, la memoria histórica y las tradiciones cívicas que el régimen castrocomunista intentó borrar. Juntas, estas dos realidades proporcionan la base para una renovación constitucional arraigada no en la invención política, sino en la restauración histórica.
La primera ventaja es la propia experiencia republicana de Cuba antes de 1959. Contrario a la narrativa histórica promovida por el régimen castrista, Cuba no era una sociedad carente de fundamentos democráticos a la espera de ser liberada por un gobierno revolucionario. Entre la independencia en 1902 y la destrucción del orden constitucional en 1959 (desviado previamente en 1952), Cuba vivió una república que funcionaba, aunque de manera imperfecta. Había partidos políticos que representaban diferentes corrientes ideológicas, elecciones competitivas, traspasos pacíficos del poder, una sociedad civil activa, instituciones independientes y una cultura política moldeada por el constitucionalismo. Cuba vivió períodos de interrupción autoritaria, especialmente durante los regímenes militares, pero estos episodios no destruyeron los cimientos de la vida republicana. La sociedad civil siguió siendo dinámica, el pluralismo político sobrevivió y la idea esencial de Cuba como república constitucional perduró.
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