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Falsas Ideas Sobre el Yihadismo
La misma muerte que
viajó por los caminos del país del cedro y
convirtió en hierro, sangre y fuego los cuerpos de seis
jóvenes militares acaba de intentar segar nuevas vidas en las
tierras de Lord Byron. Aún resuenan los gritos huecos de sus
seis vidas plenas, que hoy yacen en los féretros del desespero y
el llanto. Seis vidas bellas, ofrecidas a la voracidad de las ideas de
muerte. Pero no serán los últimos que caerán, y
todos los síntomas nos avisan desde hace tantos años, que
hemos estado ciegos y sordos a la hora de interpretarlos. Lo
políticamente correcto nos dejó sin mirada. Porque era
más cómodo analizar el fenómeno desde el prisma
progre tradicional, con su paternalismo tercermundista, su
ración de antiamericanismo y su censura conceptual, que desde
los nuevos parámetros que exigía el problema. Y,
así, muchos continúan equivocándose hasta el
delirio, analizando el yihadismo islámico como si fuera una
rebelión sudamericana o la última guerra anticolonial. Y,
sin embargo, nada de esto sirve en esta cuestión. Lo que nos
amenaza y mata desde hace años rompe todos los tópicos
del buen progre-Mayo-68.
Este es, sintéticamente, el manual incorrecto para entender el
yihadismo. Primer concepto inservible: no es terrorismo de pobres. El
yihadismo es uno de los fenómenos delictivos que mueve
más dinero en el mundo, se canaliza con un gran poder financiero
y viste de lujo, vía satélite, la muerte de sus
víctimas. Segunda tontería: no es antiimperialista. Muy
al contrario, es el fenómeno ideológico más
imperial que existe, con un proyecto de dominio planetario sin
parangón. Tercero, no nace al albur de la maldad yanqui o
israelí, porque sus bases arraigan en El Cairo de los
años 20 y tiene como obsesión el concepto de modernidad
que cuaja en la Europa del siglo XX. Finalmente, no aspira a la
libertad, sino a su destrucción absoluta, como han deseado todos
los fenómenos totalitarios precedentes.
Consejo final: descuelguen el póster del Che Guevara si quieren
entender el yihadismo. Además de terapéutico en este
caso, superar al Che es bueno para no hacer el ridículo.
El Periódico. Barcelona.
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