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Renuncia de Fidel Castro, otra burda maniobra
La supuesta renuncia
oficial del Sr. Fidel Castro a ser reelegido este 24 de
febrero como Comandante en Jefe y Presidente del Consejo de
Estado, asumiendo públicamente el estado crítico de su
salud, no es otra cosa que el reconocimiento tardío de su
irreversible incapacidad física y mental, luego de año y
medio de separación obligatoria de la vida política del
país.
Su abandono definitivo
del poder no representa una solución a la grave situación
predominante en Cuba, solo constituye un obstáculo menos en
el tránsito a la libertad y a la democracia.
La sucesión hereditaria
viene implementándose desde el 31 de julio de 2006, a raíz
de la "Proclama". Los que ostentan el poder optan por el
continuismo y la supervivencia del régimen. Cuentan con el
control casi absoluto de todas las esferas de la vida, en lo
político, económico y social. Además, aunque deben existir
las pugnas intestinas entre las distintas facciones de la
nomenclatura, están bien organizados y mantienen a su
disposición la maquinaria represiva con todo su andamiaje.
Está claro que la
motivación para aferrarse al poder de estos llamados
"revolucionarios socialistas" se reduce a los intereses
económicos y los privilegios personales de los que
disfrutan y no a la defensa de ideología alguna. Lo
demuestra la destrucción en la que han sumido al país.
Del seno del actual
gobierno no saldrá nunca ninguna solución a la problemática
de la Nación porque es precisamente el gobierno con su
modelo político totalitario la causa del problema nacional.
La inmensa mayoría de la
población de la Isla tomó el anuncio de la renuncia del Sr.
Castro como una esperanza de solución luego de medio siglo
de inmovilismo, miseria y falta de oportunidades de
progreso. Expectativa popular que se acompaña de una
atmósfera saturada por el incremento de la tensión social.
Tanto la disidencia
interna como externa está obligada por las circunstancias a
salir de sus trincheras. Como fuerza política es débil
porque no logra romper en su actuar con el esquema de etapas
anteriores.
Mientras los grupos de la
oposición continúen sin sentarse en busca de consenso, de
crear una agenda mínima común, pasando por alto las
diferencias respecto a las tendencias políticas, programas,
métodos, etcétera, la posibilidad de convertirse en agentes
de cambio e influir en amplios sectores de la sociedad son
efímeras.
El gobierno aparenta
fortaleza y control de la situación del país en la medida
que la oposición se mantiene dividida y sus reclamos se
escuchan en múltiples voces aisladas.
No es un secreto ni
especulación infundada que el gobierno se sabe adversario
del pueblo. Negar esta realidad es asumir que los seres
humanos se conforman con el hambre, las carencias de todo
tipo y la conculcación de sus derechos y libertades.
Esta inconformidad
generalizada de los cubanos es el imparable potencial
disidente que la oposición debe canalizar con su liderazgo
en función de guiarlo hacia la exigencia activa del
desmontaje del sistema totalitario.
La población ya salió de
su letargo, quiere cambios, poco a poco ha ido superando el
miedo paralizante, como lo demuestran las protestas y
reclamos en los comentarios cotidianos en las calles,
guaguas, colas. Le falta que se les señale el camino, la
vía.
Es hora para la oposición
de comenzar por cerrar filas y conciliar entre todos la
manera de hablar en una sola voz, de empezar por
institucionalizar una acción común. Con ello la propuesta
que se alcance será reconocida y legitimada por la Comunidad
Internacional, el pueblo de seguro vería en tal fuerza su
alternativa y el gobierno no tendrá otra posibilidad que no
sea permitir la apertura.
La Nación espera por
nosotros, salvémosla.
Centro de
Derechos Humanos y Democracia Brigada 2506
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